Estudio: Imperfecto
@imperfecto.co
Aunque su camino parece evidente, él lo explica sin romanticismos: “Siempre he tenido esa sensibilidad, siempre me ha gustado mucho el arte en términos generales, aunque sé que lo que hago no tiene nada artístico, porque lo mío es el diseño de la solución”.
Los domingos de su infancia marcaron otra huella definitiva. Junto a su hermano, esperaba que su abuelo los llevara en moto a comprar periódicos y cómics. El ritual comenzaba desde el trayecto y culminaba con el olor del papel recién impreso. Más que leer, observaba: portadas, colores, ilustraciones. Sin saberlo, ya estaba entendiendo que la gráfica colombiana tenía un carácter propio, en una época en la que las tendencias llegaban tarde y todo se descubría en físico, sin inmediatez digital.
Esa mirada curiosa se convirtió en método. Le gusta armar y desarmar imágenes, explorar cómo dialogan los elementos. Reconoce que su estética puede tener una tendencia oscura, pero siempre busca que el resultado transmita algo positivo. Explora lo vintage, el reciclaje y el reuso; organiza cada imagen con paciencia, porque para él ese proceso es el verdadero diálogo creativo. Más que encasillarse en un estilo, quiere que cada diseño cuente una historia.
Proyecto seleccionado para la exposición “Diseñar desde las montañas”, en el Madrid Design Festival 2026.

Diseñar desde las montañas
Vivir en Cartago ha moldeado su pensamiento. La ciudad convive de manera natural con el campo, y en menos de media hora se puede estar en cuatro departamentos distintos. Esa condición geográfica, que él considera un privilegio, amplía su perspectiva. Cree firmemente en las posibilidades que nacen desde lo local y sostiene que no es necesario migrar a las grandes capitales para crear o construir marca. Para él, el territorio no es un límite, sino un punto de partida.
“El diseño también tiene connotaciones políticas y sociales, y yo soy partícipe de eso. Tenemos un bar que se llama Vinola; más que un bar, es un eje cultural”. Desde allí también aporta: diseña las piezas gráficas y entiende el espacio como un motor cultural en la ciudad.
Su compromiso con lo local se refleja en sus trabajos, donde suele incorporar presencia femenina y elementos autóctonos. Un ejemplo es Jazzardiente, festival que nació cuando un amigo le pidió su opinión sobre el nombre y la identidad visual de un evento de jazz en Cartago. La propuesta inicial fue replanteada por completo: nuevo nombre, nueva narrativa y una gráfica construida a partir de una trompeta intervenida con referencias al café y a las montañas, sin recurrir de manera literal al cafeto.
El cartel principal no convenció a su socio en un inicio, pero el tiempo le dio la razón: los artistas internacionales invitados se llevaron los afiches, y esa circulación abrió puertas a futuras colaboraciones.
Con cada edición del festival ha sumado nuevos elementos del entorno. Le interesa que, incluso si el collage digital resulta familiar para públicos europeos, encuentren allí símbolos propios de este territorio, como la zarigüeya. “Quizás ellos vean una rata, pero en realidad es un marsupial, y ahí hay un equilibrio. Esa composición de la zarigüeya encima de la trompeta está hablando precisamente de eso. Yo sé que toda esa cuestión cafetera y de montaña llama mucho la atención, pero más allá de eso, lo que quiero es que miren y, ojalá, les pueda transmitir que hay un mundo más allá tras las montañas donde se ve y se vive bonito”.
Proyecto seleccionado para la exposición “Diseñar desde las montañas”, en el Madrid Design Festival 2026.

Para Juan Guillermo, el diseño no se limita a entregar piezas funcionales. Implica un compromiso social y político: narrar la cultura propia, fortalecer la identidad y aportar al desarrollo económico y simbólico de la región. Porque, insiste, no se puede olvidar quiénes somos ni de dónde venimos.

