Agencia Erre Hub
@agenciacultural_erre
Su sueño era trabajar en una gran agencia en Bogotá, dedicada por completo a la publicidad. Pero la vida le presentó otro escenario. En el proceso conoció a quien hoy es su dupla creativa: un publicista enfocado en gestión cultural. “Nos encontramos en el camino y empezamos a trabajar. No estaba en mis planes, pero es un gusto que se quedó”, dice. Así nació una alianza en la que él investiga, ella diseña; ella apoya la investigación, él respalda el diseño. “Es como esa dupla creativa”, resume.
De esa unión surgió Erre Hub Agencia Cultural, un proyecto que decidió no presentarse como agencia publicitaria tradicional. “Desde que se creó no queríamos mostrarnos como una agencia o una boutique publicitaria, sino enfocarnos netamente en procesos culturales de la región”, explica. Apostarle a la cultura —reconoce— no es sencillo, pero entendieron que allí había un vacío y una necesidad urgente: fortalecer espacios de saberes ancestrales, especialmente en medicina tradicional y cocina.
“Hay mucho conocimiento que ha pasado y que no queremos que se pierda. Hay cosas que ya se han perdido, pero en lo que hemos logrado hacer sé que hemos podido guardar mucha información y compartirla con diferentes personas de la región”, afirma. Esa labor no se limita a documentar; implica convivir, escuchar y tejer relaciones profundas.
La estética popular ha sido una brújula constante en su mirada. “Me gusta mucho toda la estética popular y hasta que la profesionalicé pude ponerle nombre a las cosas que me gustaban”, confiesa. Esa sensibilidad se nutre de los mercados campesinos, los conciertos locales, las exposiciones y los encuentros cotidianos. “Vamos mucho a los mercados campesinos. Pasan muchas cosas en cuanto al relacionamiento con las personas, y creo que eso es lo que me nutre”.
Lo que empezó como una visita para encargar productos terminó convirtiéndose en un vínculo permanente. “Vamos como compradores normales, entendemos que es su espacio comercial. Pero logramos hacer muy buen match con varios de ellos. Vamos directo a saludarlos, nos quedamos hablando, comemos allá y luego hacemos la ruta general”. La confianza ha llegado a tal punto que han sido invitados a compartir en espacios familiares. “Eso ya vale demasiado”, dice con convicción.
Trabajar “desde las montañas” es para Daniela una metáfora y una realidad. “Es como tener capas. En una parte hace calor, en otra hay neblina, pero igual uno suda”, describe. Esa mezcla entre lo contemporáneo y las raíces define su práctica. “No soy campesina, pero hace parte de la tradición de la que venimos en esta tierra. Es un buen match”.
En sus proyectos, el territorio determina la estética: las paletas, las texturas, los tiempos de ejecución. Han trabajado en municipios de montaña, con campesinos, comunidades indígenas y guardianes de la biodiversidad. “Todo es referente al territorio”, enfatiza.
Uno de los proyectos más ambiciosos de Erre Hub es Medicina de saberes ancestrales, una investigación transmedia que salvaguarda conocimientos sobre plantas medicinales y prácticas tradicionales de salud. El proyecto tiene como eje principal una serie de fanzines impresos, acompañados por un podcast, videopodcast y documentales de acceso gratuito en YouTube. “La nave principal son los fanzines, pero el universo es transmedia”, explica.
Proyecto seleccionado para la exposición “Diseñar desde las montañas”, en el Madrid Design Festival 2026.

El trabajo implicó convivir con comunidades, entre ellas la indígena Yanacona, campesinos del Quindío y una yerbatera de Pijao, Tolima. “Suele ser que las personas adultas son las que tienen el conocimiento. Entonces lo que hicimos fue almacenar esas investigaciones, separarlas en diferentes fanzines y complementarlas con más información”, detalla. Además, colaboraron con personas dedicadas a la preservación de la fauna, la flora y la apicultura, cambiando la narrativa tradicional del turismo en el Quindío.
El proyecto será exhibido en el Madrid Design Festival, marcando su primera participación en una exposición internacional. Más allá del logro, el mensaje es claro: “Más que pensar en tendencia o en que se vea bonito, el mensaje que queremos dar es el cuidado”. Cuidado de la memoria, de las personas que portan el conocimiento, de los espacios comunitarios. “La rapidez de todos los días nos hace olvidar muchas cosas y esto está perdiendo el lugar que se merece”.
Para Daniela, la cultura “paga muy bien”, no solo en términos económicos, sino en satisfacción y redes humanas. “Es cuestión de tener paciencia, investigar y conocer el territorio. Si uno no conoce el territorio, ¿cómo va a hacer gestión cultural?”, cuestiona.
En un contexto atravesado por la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, su postura es reflexiva. “La IA nos ha ayudado a definir cosas cuando tenemos algo muy general y no sabemos cómo bajarlo. Pero hay que saberla usar en el momento indicado. No puede ser la que decida el norte del proyecto”. Para ella, debe ser una herramienta más, no el reemplazo de la sensibilidad ni del trabajo en campo.

